Fiel a su condición de ahorrador nato, el contribuyente burgalés reserva una media de 135 euros cada mes (1.620 a lo largo del año) para destinarlos a un plan privado de pensiones que complemente -llegado el momento- la prestación por jubilación. En torno a 50.000 contribuyentes en la provincia -8 millones en el conjunto del país- tienen contratados sistemas de previsión social, bien de forma individual o a través de sus empresas, que se nutren con cerca de 81 millones de euros en aportaciones cada ejercicio.
Estos son los datos que manejan los Técnicos del Ministerio de Economía y Hacienda (Gestha) y que se han extraído de la extrapolación de los registros regionales de aportaciones a planes privados a partir de las estadísticas de declarantes del IRPF de 2006-2007.
Según explica José María Mollinedo, secretario general de Gestha, el grueso de los poseedores de planes de pensiones contratan estos productos con vistas a obtener una renta complementaria en su jubilación, pero también por las atractivas ventajas financieras y fiscales que puede ofrecer esta fórmula de ahorro a largo plazo.
De hecho, el 85% de las aportaciones a planes en la provincia la realizan los contribuyentes cuyos rendimientos anuales se sitúan en una horquilla entre 12.000 y 60.000 euros, siendo el tramo de los 30.000 a los 60.000 euros de rendimientos el que más importe desembolsa a estos sistemas de previsión social. Así, mientras en el primer tramo mencionado (12.000-21.000 euros), la aportación anual media está en los 994 euros, en el segundo asciende a los 2.331. «La mayoría de éstos -apunta Mollinedo- seguramente ya no deducen por la compra de una vivienda y buscan estos productos alternativos como fórmula para pagar menos impuestos».
Rentas altas
¿Y qué contribuyentes se pueden permitir en Burgos destinar 2.331 euros anuales a su plan? En Burgos, 12.327. Y no son los más pudientes: según Gestha en la provincia hay 3.102 trabajadores cuyos rendimientos están entre los 60.000 y 150.000 euros y que destinan cada año 4.823 euros a planes de pensiones; y un club exclusivo de 349 ricos cuyos rendimientos anuales superan los 150.000 euros y que reservan a su jubilación una media de 7.625 euros.
En los tramos más elevados de renta, con tipos impositivos en torno al 40%, el principal atractivo es la reducción de la base imponible que obtienen con estos planes, lo que prueba que las aportaciones anuales se dupliquen a medida que crece la renta, con el tope fiscal de los 10.000 euros.
Recordemos también que buena parte de estas inversiones en planes están vinculados a la negociación colectiva. Los trabajadores de las principales administraciones públicas -como ocurre, por ejemplo, en el Ayuntamiento o en los de la Administración General del Estado- y otros, pertenecientes a empresas de un tamaño medio o grande, destinan de oficio una parte de su salario mensual a complementar su futura pensión.