Si en unos días los burgaleses observan un policía uniformado tirando de la correa de un perro, tranquilidad, no está de paseo con su mascota en horas de servicio. Se trata de un agente de la unidad canina que está poniendo en marcha la Policía Local en la ciudad. Los habitantes de la capital deben ir acostumbrándose a esta imagen, porque será muy habitual a partir de mayo.
La nueva unidad consta de ocho agentes guías y dos animales -un pastor belga "malinois" y un "beauceron"-. Sus funciones serán muy variadas. Entre ellas, estará la de controlar la salida de colegios e institutos para evitar el menudeo de droga, la peleas o los pequeños robos, según indica Fernando Sedano, el intendente jefe de la Policía Local.
El agente, normalmente de paisano, acudirá con el perro y se dirigirá a aquellas personas que considera sospechosas de «que puedan pasar maría o cualquier otra sustancia». El perro olfateará a la persona. Si porta alguna droga lo marcará, será detenido o identificado y se le incautará lo que lleve. También actuará como elemento disuasor en caso de peleas en la salida de los centros.
La unidad intervendrá en los controles preventivos de tráfico tanto de documentación como de alcoholemia y drogas. En estos últimos los perros subirán a los coches para detectar la presencia de sustancias. En todo caso, «su sola comparecencia en los controles evitará reacciones indeseadas que quizá solo con los policías sí se producirían». Y es que «aunque esté tumbado el perro impone un respeto que no logran 10 agentes; el perro es un arma de disuasión».
La Policía Local también los llevará a grandes concentraciones de personas, como festivales de música, conciertos, manifestaciones, partidos de fútbol o de baloncesto que puedan ser conflictivos, etc. Y también patrullarán por la noche en las zonas de marcha de la ciudad, tanto en Las Llanas como en Las Bernardas, con el fin de intervenir en altercados violentos o simplemente con el propósito de evitar que se produzcan.
El proyecto de poner en marcha la unidad canina surge de la experiencia de otras Policías Locales que operan en España y que ya cuentan con servicios de esta naturaleza para patrullar en las ciudades. Los agentes ya han salido a la calle con los canes, «y la reacción de los ciudadanos ha sido muy positiva», comenta Sedano. «Han causado buenas sensaciones y alguna que otra anécdota ya nos permite asegurar que su sola presencia ya intimida bastante», añade. Pero los ciudadanos deben estar tranquilos. Cualquier niño puede acariciarles y no pasa nada. Solo reaccionan a las órdenes de sus guías.
Como en casa
Para formar la unidad, la Policía Local pidió agentes voluntarios y se presentaron más de 30 para convertirse en guías de los perros. Finalmente fueron seleccionados ocho, que convivirán con los animales casi las 24 horas del día. «No valía cualquiera, debía reunir unas características, empezando por el cariño hacia los animales, tener una buena comunicación con ellos y contar con un espacio adecuado -el jardín de un adosado o similar- para cobijar al animal», señala el intendente de la Policía Local. Y es que los agentes se llevarán a los perros a dormir a casa. Se encargarán de darles de comer, de lavarlos, pasearlos y tenerlos siempre a punto.
Los agentes acaban de pasar por un curso de formación de 50 horas impartido por el instructor de los dos perros. No obstante , dos días a la semana, los lunes y los miércoles, acudirán al centro canino de Fuentes Blancas, donde han sido comprados, para pasar unas horas con un instructor y con otros perros. Una vez al año tendrán que pasar por un proceso de reciclaje orientado a «eliminar los vicios que hayan cogido y ponerles a punto para otra temporada». Eso sí, el entrenamiento debe ser prácticamente diario.
La Policía considera que para empezar a funcionar, dos perros es un buen número, aunque no descarta sumar un tercero en las próximas semanas con el fin de contar con un animal de reserva. Habían pensado en un pastor alemán, pero se ha descartado.