Doscientos campos de fútbol. Esa es la equivalencia de la superficie sobre la que la Unión Temporal de Empresas formada por Dragados, Raimconsa y Saiz han trabajado durante dos años y medio para convertir a Villalonquéjar en el polígono industrial más grande de la región.
Las cifras que ha movido la obra son mareantes: casi 60 millones de euros de inversión, 120 empresas subcontratadas, 14 kilómetros de nuevos viales, 700 trabajadores y 100.000 viajes de camiones con tierras y materiales. A excepción del Auditorio y el bulevar, ninguna obra impulsada por el Ayuntamiento ha supuesto una inversión equiparable a la de la cuarta fase de Villalonquéjar.
El volumen del asunto (todas las conducciones y canalizaciones, puestas en línea, cruzarían España de punta a punta) y un año climatológico especialmente adverso para la obra pública han provocado un retraso en las obras al que, vista la información anterior, tampoco se le podrá achacar la pérdida de proyecto alguno.
Superados los inconvenientes, fuentes de la UTE aseguran a este periódico que la obra ya está culminada y que «quedará lista para ser recepcionada por el Consorcio en las próximas semanas». «Si se cuadran las agendas, podríamos estar hablando de este mes», añaden las mismas fuentes.
Las obras no se han limitado a la urbanización de las parcelas. Suponen también una mayor y mejor conexión del polígono con las otras fases, especialmente con la tercera, y conectan una red de carreteras periféricas que tendrá altas intensidades a corto plazo. Es el caso, por ejemplo, de la variante de Villatoro, que ha servido para eliminar al gran tráfico que soportaba el barrio. También conllevan la construcción de un aparcamiento para camiones capaz de albergar 400 vehículos.