Los copresidentes de la Fundación reciben el galardón de manos del alcalde.
Justo en el año en el que la apertura del MEH se convertirá en uno de los grandes acontecimientos locales, la Fundación Atapuerca recibió ayer el reconocimiento de la sociedad burgalesa a través de la Federación de Peñas y Asociaciones de San Lesmes Abad. El alcalde de la ciudad entregó a los dos copresidentes de la Fundación el Báculo de Oro 2010 durante una sencilla y breve ceremonia en la Sala Capitular del Monasterio de San Juan. El premio reconoce, en palabras de Juan Carlos Aparicio, el «burgalesismo del bueno» que lleva a cabo la entidad y que «no solo se queda extasiado ante el pasado» si no que mira hacia adelante con proyectos de futuro.
Así resumió el primero de los burgaleses el homenaje a un proyecto que nació casi por casualidad al abrirse la trinchera del ferrocarril minero en la sierra, y que con el tiempo se ha convertido en «nuestros mejores embajadores» como subrayó Tomás Sanmartí, el Báculo de la anterior edición que pasó el testigo a sus sucesores.
Incluso el presidente de la Federación de Peñas de San Lesmes, Roberto Balbás, definió a la Fundación como «un puente entre la ciencia y la sociedad» que a través de su investigación acerca del «viaje más apasionante de la humanidad» populariza el conocimiento.
La Fundación Atapuerca nació en 1999 y ha logrado implicar a instituciones y empresas en el impulso al trabajo científico y cultural derivado de los hallazgos arqueológicos. Por todo ello, y por su «enorme dimensión nacional e internacional» se han hecho merecedores del premio, tal y como apuntó ayer el secretario de la Federación, Francisco Sánchez, quien animó a seguir trabajando para que el Museo y los yacimientos de Atapuerca se conviertan «en un destino turístico destacado y en un referente obligatorio para el estudio de la evolución humana».
En nombre de los galardonados hablaron los copresidentes de la Fundación, Pedro García Romera y José María Arribas. El primero, también en su condición de presidente del Consejo de Administración de Diario de Burgos, subrayó el orgullo de un premio «que ocupará un lugar de honor en nuestra sede social» y destacó el papel de los codirectores de los yacimientos, José María Bermúdez de Castro, Eudald Carbonell y Juan Luis Arsuaga, «que multiplican y dan valor añadido» al proyecto. Por su parte Arribas, como presidente de Caja de Burgos, subrayó el significado internacional tanto de Atapuerca como del Báculo, pues ni San Lesmes ni los codirectores son burgaleses pero su integración demuestra que la ciudad «está abierta a Europa y al mundo».
Bodas de plata
La Federación de Peñas y Asociaciones de San Lesmes Abad cumple este año su 25º aniversario desde su creación en 1985 y continúa promocionando las fiestas y la figura del patrón de la ciudad. Uno de sus miembros es Cajacírculo, quien con motivo de su centenario también recibió ayer el homenaje de la Federación.
Sin duda, una de las actividades más importantes de su actividad anual es la concesión y entrega del Báculo de Oro, galardón que ha cumplido 23 ediciones. El alcalde destacó el prestigio del premio, no solo por el trabajo de quienes lo otorgan «sino por la categoría de los premiados» que en los últimos años han incluido a personas e instituciones de los más diversos ámbitos.
El palmarés, desde sus comienzos hasta hoy, incluye a la Asociación de Amigos de la Universidad de Burgos, Rafael Frübeck, Félix Pérez y Pérez, Luis Ángel de la Viuda, José María Francés, Orfeón Burgalés, Graciliano Urbaneja, Antonio García Martín, Purificación Santa Marta, Hermandad de Donantes de Sangre, Incondicionales de San Bruno, Aspanias, Vicente Ruiz de Mencía, José Luis Preciado, José Pablo Arévalo, Apace, Comunidad de Santo Domingo de Silos, Asociación Española contra el Cáncer, Enrique del Rivero, Juan Carlos Higuero, Unión Artesana y Tomás Sanmartí.
Me alegra ver al Museo de la Evolución Humana como un símbolo de confianza hoy y para el futuro de la vida ciudadana de Burgos. Aprender y tener conciencia de dónde venimos será un buen camino para trazar el camino de a dónde vamos.