Puede que muy pronto beber en la calle no salga tan barato. El Ayuntamiento se ha propuesto erradicar por completo el botellón y para ello utilizará la futura Ordenanza de Convivencia y Seguridad Ciudadana, de la cual ahora mismo se está redactando el primer borrador.
Gema Conde, la concejal de Seguridad ciudadana, considera que ahora mismo las «multas son muy bajas» -30 euros como mucho-. Por ello, tomando como referencia la ordenanza tipo que la Federación de Municipios y Provincias (FEMP), las sanciones serán de como mínimo 750 euros, si bien podrían llegar hasta los 3.000 en determinados supuestos.
En la actualidad lo único que puede hacer la Policía Local es incautarse de la bebida y denunciar a las personas identificadas como los organizadores del botellón. Es la sección de Sanidad del Ayuntamiento la que impone la multa de 30 euros. Es decir, que cualquier grupo de amigos, a ‘escote’, puede hacer frente a la sanción sin problema.
La intención del Ayuntamiento es imponer multas disuasorias, que obliguen a los jóvenes a beber en los establecimientos destinados a tal efecto. La ordenanza de la FEMP establece un horario de prohibición, en concreto de 22 a 8 horas. Sin embargo, el Consistorio va a extenderla a las 24 horas del día. De este modo, impedirá las grandes concentraciones de estudiantes en las fiestas de las facultades.
De hecho, en las últimas citas la Policía Local ha montado dispositivos especiales para impedir estos macrobotellones. Lo ha conseguido recientemente en la de Químicas y su intención es hacer lo propio en la de la Politécnica de la primavera que viene. El año pasado activaron el dispositivo solamente en el campus del Vena y no llegaron a tiempo cuando los estudiantes desplazaron la fiesta a La Milanera. Este curso, las cosas serán diferentes. Según explica Gema Conde, la Policía Local estará situada en ambos emplazamientos para informar a los estudiantes de que está prohibido beber en la calle.
El Ayuntamiento de Burgos tomará en consideración, al margen de la ordenanza de la FEMP, otra ya aprobada por el Consistorio de Guadalajara. Su normativa en torno al botellón no ofrece ninguna duda. En el primer artículo dice que «no está permitida la práctica del botellón» en los espacios públicos del término municipal.
Y define lo que es un botellón: el consumo de bebidas, preferentemente alcohólicas, en la calle o espacios públicos, cuando como resultado de la concentración de personas o por el mismo consumo, se puedan causar molestias a ciudadanos y vecinos que utilicen el mismo espacio público, insalubridad en el entorno o deteriorar la tranquilidad de la zona.
Los botellones serán prohibidos en toda la ciudad. Sin embargo, en determinadas zonas las multas serán más severas. Así, Guadalajara, por ejemplo, eleva hasta los 1.500 la cuantía de las sanciones cuando los botellones se realizan en el casco histórico. Y pueden llegar a 3.000 cuando se produzcan en un acto público de naturaleza cultural, lúdica, festiva y deportiva.
A los establecimientos de hostelería les prohíbe que la clientela «saque las consumiciones a la vía pública salvo cuando tengan espacios reservados para ello como las terrazas». Y a los comercios les impedirá vender bebidas alcohólicas desde las 22 horas hasta las 7 de la mañana.
La ordenanza de Guadalajara concede al Ayuntamiento la prerrogativa de establecer espacios de forma excepcional, con motivo de fiestas populares, donde esté permitido el consumo de alcohol en las calles. Lo que no quiere decir que el Ayuntamiento burgalés vaya a hacerlo.
Eso sí, el establecimiento de ‘botellódromos’ queda totalmente descartado para el Ayuntamiento. «Eso es inviable; además si se admite uno en un barrio determinado, llegarán los de otro y querrán tenerlo al lado; no puede ser; por no hablar de que los hosteleros, con toda lógica, se quejarán por permitirlo», explica la edil del Partido Popular.
dispositivo. En la actualidad, todos los jueves, viernes y sábados la Policía Local pone en marcha un operativo especial de control del botellón en el centro histórico. Entre siete y 20 agentes -dependiendo del día, el clima, las previsiones de aglomeración- patrullan las calles para desmantelar cualquier botellón que se encuentran a su paso. Requisan la bebida y denuncian a quienes logran identificar. Sin embargo, la baja cuantía de las multas hace que al fin de semana siguiente los mismos chavales vuelvan a beber en la calle.
Aunque la intención del Ayuntamiento es imponer las mismas multas a todos los ciudadanos, hay que esperar a ver qué ocurre con la modificación de la Ley de Drogodependencias de Castilla y león, que impide poner multas de más de 30 euros a los menores de edad.
El fenómeno del botellón no se da con la misma intensidad en toda la capital. A la hora de elegir la zona, los jóvenes se guían por dos criterios, a veces coincidentes. Uno, que sean espacios cercanos a zonas de copas, para beber en la calle y después entrar en los bares. Los que se organizan en el centro, en Fernán González, son buen ejemplo. Y dos, en sitios espaciosos y alejados de la vía pública, con el fin de beber sin ser ‘molestados por vecinos y Policía’. Los que se ‘celebran’ a lo largo del río Arlanzón responden a este requisito.
En la zona centro se llevan la palma, sobre todo en el casco antiguo, en las calles Fernán González y diferentes puntos de la ladera del Castillo. Con buen tiempo se organizan macrobotellones monumentales. En invierno también, pero menos bulliciosos y de menos duración. Los dos focos clave son la escalinata que comunica el parque Alvar Fáñez y la calle Fernán González. Y en la ladera del Castillo, en la continuación natural de la calle Tahonas.
Son elegidos por los jóvenes, porque desde allí solo tienen a un paso hasta la Llana de Afuera y sus bares de copas. A los chavales les viene muy bien, pero los vecinos están hasta el gorro. No solo del bullicio que montan mientras beben, sino de todos los efectos del botellón: las botellas tiradas en la calle, el olor a alcohol y orines, los desperfectos del mobiliario urbano.
Capiscol es uno de los barrios de la ciudad preferidos por los jóvenes. Varios son los ‘atractivos’ que ofrece, pero destaca uno sobre todo: la vereda del río Arlanzón, cuyas márgenes están plagadas de lugares abiertos, incluso con bancos y mesas, y discretos -lejos de las vías principales de la ciudad. La casa del Molino -entre la Ventilla y Capiscol- es uno de los focos. Las traseras de la calle Mirasierra es otro, el circuito de cross Félix Hernando es donde se organiza uno de los más concurridos, así como la playa de Fuente Prior.
El Crucero es otro de los puntos conflictivos de la ciudad. En el parque que lleva el mismo nombre del barrio se organizan numerosos botellones los fines de semana, sobre todo en verano. También en el entorno de la parroquia de la Santa Cruz. Y en las vías del tren, entre San Pedro de Cardeña y calle Rivalamora tiene lugar uno de los más concurridos. Como en el resto de lugares, sus vecinos denuncian «la escasa presencia policial» para controlar el fenómeno.
Sin embargo, desde hace pocas fechas el circuito de motocross de San Isidro -detrás de la plaza de Aragón- ha sido elegido como punto de reunión de un «nutrido grupo de jóvenes» que deja aquello como «un campo de batalla» todos los fines de semana.
En el G-9 el botellón más populoso es el que se monta en el parque situado frente a la puerta principal de las piscinas de El Silo. Aquí se reúnen muchísimos jóvenes los fines de semana y se quedan hasta las tantas montando follón después el parque aparece hecho una pena.
Estos puntos son los lugares donde se montan los botellones de mayor magnitud. En otros parques y espacios libres de la ciudad también se producen ‘pequeñas reuniones’ en torno a unas litronas o kalimochos, pero no son ni muy concurridos ni muy habituales.
Barrios como San Pedro de la Fuente, San Cristóbal o Villatoro son ajenos al problema. En el barrio del Pilar tampoco hay una zona donde regularmente se ‘celebren’ botellones pero sus vecinos ya tienen bastante con el que se organiza en primavera en la Politécnica.
Desde la Concejalía de Seguridad Ciudadana aseguran que actualmente las quejas no son muchas. Lo que sucede es que el fenómeno del botellón «depende mucho del clima y en invierno llegan incluso a desaparecer o no duran el tiempo que en otras épocas del año».
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