La agresión que presuntamente le costó la vida a Aitor se produjo en el entorno de Bernardas la madrugada del sábado.
La familia de Aitor del Álamo ejercerá la acusación particular en la causa que se investiga por el fallecimiento del joven, al parecer como consecuencia de una agresión que sufrió a manos de dos súbditos rumanos, para los que se ha decretado prisión, en la zona de las Bernardas.
Ayer mismo la propia subdelegada del Gobierno, Berta Tricio, se refería, en un encuentro digital mantenido con los lectores de este periódico, al «fallecimiento de tres personas que no nos puede dejar impasibles», con lo que vincula los tres casos y equipara la muerte de Aitor, al igual que las de Iván y Jonatan, con la citada agresión.
Ahora, después de la brutal intensidad de superar la tragedia, su familia no quiere especular sobre nada de lo ocurrido pero sí se muestra confiada en la acción de la Justicia. «Hay un abogado que va a defender la causa de la muerte de Aitor contra estos presuntos culpables. Él nos ha dicho que confiemos en la Justicia y eso es lo que vamos a hacer. Es la Policía quien debe saber lo que ocurrió y la Justicia la que dirá lo que debe ocurrir», afirman con sobriedad.
Esa confianza tiene un matiz, importante, en las palabras de una madre rota: «Queremos que se haga Justicia, pero también que la Justicia sea fuerte». Resulta obvio que no existe bálsamo alguno para cubrir el hueco de un hijo, de un hermano, de un amigo... Acaso el orgullo de verse arropados por una marea de gente, algunos cercanos en la vida, todos próximos en el dolor, durante el velatorio y el sepelio de Aitor.
«A toda esa gente sí queremos dirigirnos para darles las gracias por su apoyo. Tanto a las personas de Burgos como a las de Sasamón, que estuvieron a nuestro lado en todo momento. Él era una persona muy buena y querida y así se ha demostrado con la respuesta de la gente». También quieren hacer público su agradecimiento a la Unidad de Cuidados Intensivos del hospital general Yagüe, donde atendieron a Aitor de la hemorragia que no pudo superar. «Nos dieron un gran trato y sabemos que hicieron todo lo que pudieron».
«Un calvario»
Y hasta ahí. La familia no quiere que el fallecimiento de Aitor se convierta en un circo mediático y elude entrar en valoraciones «que no nos competen». «Si por las noches hay más violencia o no es algo a lo que no podemos responder. Aquí estamos cinco personas y a ninguno nos ha pasado nada, pero no es nuestra competencia», advierten.
Ahora corresponde a la Policía recomponer el puzzle de lo sucedido la madrugada del sábado y a la Justicia, el caso lo lleva Instrucción 2, determinar qué y quién provocó o provocaron la muerte de un joven al que querían cuantos habían trabajado con él y adoraban sus numerosos amigos. Su familia, que sufre «un calvario que no le deseamos a nadie», quiere honrar a Aitor buscando una Justicia por la que claman.