Mata Fernández-Balbuena, ayer en Burgos.
Una vida dedicada a la alta dirección da para conocer a mucha gente, pero si sólo existieran tres categorías de personas, podríamos decir que las habría con talento, sin talento y sin talento y, además, trepas. Es un clásico aquello de temer al que brilla, pero también un riesgo para las empresas y organizaciones que, más aún en periodos de crisis, no deben permitirse el lujo de no optimizar el que sigue siendo su mayor recurso. Bajo esa premisa, Gustavo Mata ha dirigido cursos para ejecutivos de Altadis, Repsol o Telefónica, entre otras. Es también un habitual de Radio Intereconomía y, quizás porque ya lo tiene todo andado, quizás por todo lo que vio mientras caminaba, no escatima en claridad.
Contra crisis, talento.
Claro. Con el talento se arregla casi todo.
O se estropea cuando no se le da salida.
No es tanto darle rienda suelta como canalizarlo. El talento está, y donde no lo hay no se puede sacar. El problema en las organizaciones suele ser cómo demonios sacar todo el que hay. Es el reto que tienen los que dirigen, que suelen ser gente que, en lugar de permitir que el talento fluya, se convierten en gente que lo impide. Con sus actitudes acaban entrampando el talento.
¿Ese impedimento es consciente o instintivo?
No sé hasta qué punto es consciente o instintivo, pero suele ser siempre un acto reflejo defensivo. La gente con no demasiado talento que, por circunstancias de la vida, ocupa un puesto que le queda ancho, se convierte en un impedimento para permitir que el talento aflore para defender sus privilegios o conservar su situación.
Supongo que hay quien ha hecho de eso es un arte, y además sospecho que es un arte antiguo...
Pues sí, Nicolau Maquiavel habló hace mucho de cómo mantenerse encima. Yo creo que la forma de estar encima no consiste en pisar a los de abajo, sino en apoyarse en ellos. El talento de tu gente te puede llevar muy lejos, pero si temes el talento de la gente a la que mandas mal va a ir la organización; puede que tú conserves tus privilegios, pero la organización poco va a progresar.
¿Al trepa le pasa igual que al mentiroso, que antes o después se le caza?
A veces no (ríe), hay gente muy habilidosa. En régimen transitorio los malos y los aprovechados a veces ganan y sobreviven dando saltos de una organización a otra. Pero sí, normalmente acaban cayendo.
Aquello de que el mayor activo de una empresa son sus recursos humanos, ¿es una frase hecha o una gran verdad?
Una gran verdad. Ahora hay intentos de hacer patente en los balances ese activo, pero está claro que por encima de cualquier activo material está el del talento de las personas que tiene una empresa. Es importante para los que mandan darse cuenta de que, a veces, en lugar de canalizar ese talento se convierten en trampas al talento.
¿El reto está en discernir quién tiene talento para qué, o el que lo tiene vale para todo?
Sí, es el reto. Esa es la estrategia, encontrar la forma de maximizar las capacidades colocando a la gente en su sitio adecuado. Normalmente en las organizaciones sobra talento, hay mucho más del que se aprovecha. El problema no suele ser tanto el talento como que la estructura y las actitudes propicien que cada uno esté en el lugar donde más va a dar de sí. Propiciar un ambiente y unos recursos que hagan que el talento se ponga de manifiesto también es importante.
Eso de desaprovechar el talento es muy latino. ¿Pasa igual en el resto de países?
Lo hay en todos los sitios, pero sí es cierto que los españoles somos muy dados a ponerle trabas al talento, no hay más que acudir a los clásicos para comprobarlo. Ahora me estoy entreteniendo muchísimo releyendo los Episodios Nacionales de Galdós, que reflejan muy bien nuestros defectos patrios. No, no somos expertos en sacar el máximo partido de todo el mundo. En Estados Unidos no hay como tener talento para que todo el mundo se vuelva loco pensando cómo aprovecharlo. Aquí la primera reacción es la de echarte tierra encima para que no se note tanto el talento que tienes: sí, el de la envidia es nuestro pecado histórico y eso nos lleva a cometer idioteces.
¿A los buenos se les ve venir, verdad?
Claro, la gente con talento brilla siempre. En EEUU son muy prácticos: si tú tienes talento a nadie se le ocurre pensar en que no se te note. Mira, yo estudié en los Jesuitas. Bastaba que tuvieras una capacidad para que se volvieran locos sacándola partido, sin embargo es muy típico aquello de decir ‘el niño canta bien’ y que alguien replique, ‘pues no lo digas muy alto, que no se lo crea’. El jesuita te pondría a cantar todo el día.
¿La autoestima es el complemento perfecto del talento o incrementa el riesgo de pasarse de frenada?
Es un soporte necesario para que el talento aflore. La gente que no tiene autoestima es porque no le han enseñado a quererse y a ser consciente de lo que tiene. Lo poco o mucho que yo haya logrado en mi vida se lo debo a la confianza de los más cercanos, que son quienes hicieron creerme que podía ser algo. Mi padre jamás dudó de que podría hacer cualquier cosa que me propusiera. Hay que tener confianza en uno mismo para dar todo.
Cuando usted mira hacia el Gobierno, ¿encuentra el talento? ¿Me puede decir dónde está?
Lo malo es que no veo demasiado talento en el Gobierno y tampoco en la oposición. El drama de este país es que el mecanismo a través del que los líderes políticos alcanzan el mando poco tiene que ver con lo que yo llamo talento. Puede que tengan habilidad maquiavélica para sostenerse en los puestos, pero la política se ha convertido en un erial. Parece que la gente se dedica a la política cuando no vale para otra cosa. Lamentablemente, en el Gobierno es evidente que hay poco talento, pero es que la oposición hace bueno al Gobierno. Zapatero le ha ganado a Rajoy dos veces las elecciones y como siga así le va a ganar otra vez. Es algo lamentable.