El equipo redactor y los responsables municipales mostraron ayer el gran cajón que contiene todos los documentos de la normativa urbanística.
Mejor no marcarse plazos cuando hay tantas probabilidades de que no puedan cumplirse, bien por exceso o bien por defecto. Al contrario de lo que habían decidido planeamientos anteriores, el nuevo Plan General de Ordenación Urbana de Burgos no se fija fecha de caducidad y habla de un largo plazo que bien podría llegar a un par de décadas.
El segundo avance del documento que elabora el equipo de Ezquiaga Arquitectura y Territorio fue presentado ayer y votado en el Consejo Sectorial de Urbanismo para su pronta salida a información pública. Si en junio de 2008 el primer avance planteaba las líneas generales, ahora se trata de aterrizar sobre el plano y delimitar los usos y determinaciones de cada parcela.
Los nuevos sectores urbanizables, los espacios libres, los viales, los parques, las dotaciones, las redes de servicios... todo queda concretado en un documento que acumula ya cientos de páginas y que fue presentado ayer en sociedad por el alcalde Juan Carlos Aparicio y el director del equipo redactor.
Ambos destacaron la idea de «racionalizar la ciudad», de compactarla para hacerla más vivible y para ello la premisa original ha sido ceñir su crecimiento al interior de las rondas de circunvalación. Dentro de ese anillo hay espacio suficiente para muchos años de crecimiento, así que establecer zonas residenciales en su borde exterior por ahora no tiene sentido.
Junto a esta racionalización, el nuevo PGOU trata de adaptarse a los nuevos tiempos modernizando las formas de movilidad hasta el punto de, como apuntaba Ezquiaga, «pensar incluso en una ciudad preparada para un futuro sin automóvil».
Y también trata de ser una normativa actual recalcando una y otra vez el concepto de la sostenibilidad medioambiental en todas sus vertientes.
La traducción es un Burgos del futuro inmediato en el que se dibuja suelo para levantar 16.000 nuevas viviendas, 6.000 de ellas con algún tipo de protección. Esto garantiza un mercado inmobiliario para muchos años porque a ellas hay que sumar una cifra similar contemplada en el Plan de 1999 y todavía apenas desarrollada y las miles más vinculadas a la modificación urbanística del bulevar ferroviario.
El propio arquitecto admitía la «holgura» con la que han pensado en las cifras de vivienda: «Somos conscientes de que esto no se va a hacer mañana». Pero defendió que ahora le toca al Ayuntamiento velar por que el crecimiento se ejecute con el debido orden, de forma que no se genere un «salpicado» de viviendas.
Y apuntaba que el cálculo de nuevos pisos se establece en relación a los proyectos industriales que están en marcha en la capital o en sus alrededores. Si se concretan los polígonos industriales de Buniel y el Monte de la Abadesa, el Parque Tecnológico, el Centro de Actividades Económicas (CAE de Villafría) o las ampliaciones previstas en Villalonquéjar se generará un gran volumen de puestos de trabajo que a su vez necesitará lugares para vivir.
Por todo ello, el nuevo PGOU nace con «una visión de horizonte lejano», apuntaban Aparicio y Ezquiaga, aunque con los correspondientes mecanismos de revisión. Este es un Plan que nace con las normativas estatal y autonómica recién estrenadas y el primero que incorpora todas las herramientas de la digitalización. En teoría es un planeamiento para muchos años aunque solo el paso del tiempo concretará con exactitud cuántos.
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