Silo de Capiscol
Al Silo le pasa algo parecido a la Concepción, aunque ambos edificios se parezcan tanto como un huevo a una castaña y lo único que tengan en común es que están en Burgos. Eso y que, al menos de momento, no sirven para nada ni para nadie. Lo que sí tienen en común es que son edificios que deben de ser preservados y que no admiten particiones, derribos o alteraciones de su estructura original. Es decir, que no sirven para cualquier uso.
Es propiedad de la Junta de Castilla y León (servía al Fondo de Garantía Agraria) y perdió la utilidad (almacén de grano) que mantuvo hasta comienzos de siglo y para la que fue concebido. En los últimos años lo más útil que se ha hecho con él es cederlo como almacén para el Banco de Alimentos.
El entorno ha sido escenario de numerosos capítulos para olvidar, como la electrocución con la extinta catenaria de la vía del tren de un chaval o del botellón del que es pasto un fin de semana sí y otro también, motivos, entre muchos otros, por los que los vecinos de Capiscol se han hartado de pedir intervenciones de diversa índole. Sacyl tiene previsto construir en sus inmediaciones un centro de salud. Las piscinas municipales inauguradas en el entorno en 2001 se "vendieron" como el inicio de una regeneración urbana que lleva años atascada. Al igual que ha sucedido en otros inmuebles históricos, es presa de la ocupación ilegal y su estado ha empeorado notablemente en apenas dos años.
Antigua estación Renfe
Las imágenes de la vieja estación arrasadas por el vandalismo no han caído bien a nadie y son elocuentes por cuanto que definen el interés mostrado por Fomento en su conservación, muy cuestionable habida cuenta de que sobre el edificio de la terminal pesa una protección arquitectónica que ha de ser respetada.
Al igual que en el caso de la Demarcación de Carreteras, el Ayuntamiento asumirá en breve su titularidad -se calcula que el traspaso de la propiedad se hará efectivo este mismo verano- y tampoco tiene, al menos no lo ha hecho público, un plan para regenerar el espacio dando un nuevo uso a la terminal.
Además del valor patrimonial que representa la arquitectura ferroviaria de hace siglo y medio, se trata de una zona de futura expansión residencial y de un inmueble que goza de la marcada simpatía de los burgaleses por cuanto que representa una parte esencial de la historia de Burgos.
Para su uso futuro se han barajado multitud de posibilidades. Primero se habló de mantener su vocación de nudo comunicativo para albergar un intercambiador de transportes y acoger a los autobuses turísticos, que siguen sin tener un lugar donde estacionar. Después se situó allí el proyecto para construir un centro de distribución de mercanías, una idea que parece caída en desgracia. Museo, galería comercial, albergue o dependencias municipales son ideas que se han escuchado. Ninguna ha cuajado.
Almacenes Campo
Los edificios singulares de titularidad privada también se enquistan. Acaso el paradigma sea el histórico edificio de los viejos Almacenes Campo, un referente de la escasa arquitectura moderna que existe en el centro histórico de Burgos. Lleva un cuarto de siglo cerrado y en sus fantasmagóricas dependencias aún quedan numerosos recuerdos de lo que fue, el epicentro de la actividad comercial local.
En 1983 lo adquirió el imperio Ruiz Mateos pero pronto quedó en manos de Patrimonio del Estado al quedar afectado por la expropiación de Rumasa, que incluía Galerías Preciados, su fin último. Lo adquirió en subasta una conocida familia de industriales burgaleses que se topó con el Ayuntamiento, que pugnó en tribunales para que se derribaran las dos últimas plantas, que se consideraban ilegales y nocivas para la estética de la plaza Mayor.
El largo proceso judicial, que desembocó en una sentencia del Supremo que protege la integridad del edificio, espantó el interés de numerosas franquicias y entidades de crédito interesadas en la compra del bloque. Nadie quería un edificio del que se podía ordenar una demolición parcial en cualquier momento. También hubo un acercamiento entre sus legítimos propietarios y el Ayuntamiento para tratar de incorporarlo a la ciudad como dependencias municipales, pero el Consistorio ofreció suelo y la fórmula no convenció a los dueños que, según el equipo de Gobierno de Aparicio, tenían «altas pretensiones económicas».