Centenares de estudiantes universitarios quisieron trasladar ayer su malestar al Gobierno por el Plan Bolonia en numerosas ciudades del país. En la Universidad de Burgos (UBU) una veintena de estudiantes de distintas facultades, constituidos en asamblea, se encerraron anoche de forma pacífica en la Facultad de Humanidades y Ciencias de la Educación para protestar contra «la mercantilización de la universidad» que, a su juicio, propugna el actual proceso de adaptación al Espacio Europeo de Educación Superior (EEES). Este encierro forma parte de la "semana de lucha" convocada en los campus españoles contra el Plan Bolonia y la idea de los universitarios burgaleses es continuar con esta medida de presión los próximos días.
Barcelona. La Universidad Autónoma de Barcelona (UAB), que fue el escenario de una carga policial hace semanas cuando sus estudiantes quisieron tomar el salón histórico del rectorado, continúa siendo el escenario más revuelto. Y eso que varias decenas de chicos dejaron durante la jornada pasada las sentadas y se trasladaron hasta el interior del edificio principal, donde al cierre de esta edición seguían concentrados más de 200.
Los alumnos llegaron hasta el rectorado tras realizar un pasacalles por el campus y las facultades ocupadas desde hace casi un mes. Al ver que no alteraban el normal desarrollo de las clases en Ciencias, Biociencias y Psicología, los jóvenes antiBolonia optaron por hacerse notar en el corazón de la institución. En Letras y Ciencias Políticas habían tenido más éxito.
Cádiz. Pero los catalanes no fueron los únicos activos. Hay otros núcleos de presión importantes en Cádiz -casi un centenar de alumnos- y en Palma de Mallorca -más de 50-. José Gallego, portavoz de los estudiantes gaditanos, explicó que el encierro se prolongará «como mínimo hasta el jueves», pero no descartaron seguir más tiempo.
Por su parte, la ministra de Ciencia e Innovación, Cristina Garmendia, abogó por «mantener cauces de diálogo» con los estudiantes de las universidades encerrados, pero advirtió de que muchas de sus reivindicaciones «nada tienen que ver» con el proyecto de la UE.