Diario de Burgos
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Apertura del desvío ferroviario

Tras el último tren llegó... el progreso

M.C. Sánchez / Burgos - lunes, 15 de diciembre de 2008
Cientos de burgaleses dicen adiós al Francisco de Goya con destino París. El Estrella 930 hace su entrada en "Rosa de Lima Manzano' a las 00:46 horas, en medio de una gran expectación Vídeo

El reloj que preside el enorme vestíbulo de la nueva estación "Burgos Rosa de Lima" marcaba las 00:50 horas de hoy cuando el Estrella 930, con origen en Gijón y destino Barcelona, hacía su salida de la terminal. Algo tan cotidiano como la visión de un tren que se aleja en el horizonte acababa de convertirse en un momento para el recuerdo en la historia de la ciudad.

Mientras, la vieja estación, ahora pequeña y humilde pero tan majestuosa y moderna en aquel año 1902 que la vio dar sus primeros pasos, apagaba sus luces. Por la vía uno, a las 23:16 horas de ayer, circuló el último convoy de su dilatada trayectoria. Han sido casi 150 años de convivencia con los burgaleses. Una relación de amor odio digna de largometraje que vio cómo, al igual que en la película Casablanca, su última escena tenía un idílico París rubricado.

Alegría colectiva

El tren hotel 407 Francisco de Goya, con origen en Madrid y destino en la capital del Sena, fue el encargado de protagonizar este último capítulo, presenciado por cientos de burgaleses desde diferentes puntos de la ciudad.

Y aunque en el arcén de la vieja estación de Burgos los curiosos se contaban por decenas, los pasos a nivel de las Casillas y la calle Madrid no se quedaron atrás en asistencia de público.

Con cámaras de fotos, móviles de tercera generación y pañuelos blancos en mano (de los de toda la vida) decenas de personas despidieron ese último convoy. Algunas emocionadas porque años de espera habían tocado a su fin. Otras entristecidas por los recuerdos dejados en el camino.

Los trabajadores de Adif, nerviosos ante la expectación suscitada por el acontecimiento, caminaban de un lado a otro. Entre los presentes, el propio director del Consorcio Ferroviario, Joaquín Rivas. Otros muchos habían venido desde lugares más lejanos, como José Luis Jiménez, de la Asociación Alicantina de Amigos del Ferrocarril, que rememoraba a la espera del "Francisco de Goya" como lo primero que conoció de Burgos fue su estación, en el 1995, cuando vino desde Alicante para hacer "la mili".

Carmen llevaba desde las 10:00 esperando el tren para París. Formaba parte de la veintena de viajeros que, unos sorprendidos, otros no tanto, vivieron desde dentro ese último e histórico recorrido por las vías burgalesas que atraviesan la ciudad.

Con la señal de partida, un pitido que sonó más fuerte que nunca a las 22: 23 horas, una explosión de aplausos acompañó la despedida del convoy, que se perdió en la noche entre la algarabía de los testigos.

Decenas de personas se lanzaron entonces a las vías, en busca de una moneda aplastada por el peso de los vagones a su paso por los raíles. Un recuerdo para la posteridad.

Con nombre de mujer

Bajo una delicada capa de fina nieve y con dos grados bajo cero de temperatura, la nueva estación burgalesa esperaba hoy la salida de su primer tren.

Con casi tres cuartos de hora de retraso sobre el horario previsto, como las grandes estrellas del espectáculo, hacía su entrada el convoy en la "Burgos Rosa de Lima". Un lugar con nombre de mujer, sin apellidos ni adornos, con personalidad propia; Rosa de Lima Manzano fue la primera gobernadora civil y directora general de Tráfico de España, y de ahí la importancia de su dedicatoria.

En esta ocasión, el público se había visto mermado en número (ya no eran cientos), pero lo que estaban en los andenes emanaban "fiesta" por los cuatro costados. Corrió el cava, volvieron a salir a la luz las cámaras de fotos y los móviles, y la anécdota de la jornada hizo su aparición. Apenas unos minutos antes de la llegada del Estrella 930, las pantallas informativas se apagaron por completo, y todos los que esperaban ese primer tren quedaron expectantes.

Al fin se dejaron ver las primeras luces de la locomotora llegada desde Gijón, con los laterales llenos de nieve. Hubo besos y abrazos para los que descendieron por sus escalinatas y palmadas para los que se quedaron en el interior de los vagones.

Eran los primeros pasos de una infraestructura amplia, ambiciosa y moderna en su diseño, cargada de ilusiones de futuro aunque con aspecto de recién llegada y con muchas cosas que aprender. Desde esta primera escala de su historia aún queda un largo camino por delante hasta la alta velocidad, pero ahora con un Burgos preparado técnicamente para su llegada.

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