Óscar Márquez pinta su nombre, ayer, en el parque del Crucero.
Óscar Márquez está haciendo un grafiti con su nombre seguro de que esta vez la Policía no va a denunciarle. Y es que por plasmar su arte en paredes donde está prohibido, ya ha ido una vez a juicio. «Y tengo otro pendiente», asegura, al tiempo que reconoce que «mis padres me dan por perdido. Ya no me dicen nada...».
Por eso, le parece bien la iniciativa de la Concejalía de Juventud de ubicar cubos en la ciudad donde los grafiteros puedan expresarse libremente sin necesidad de ensuciar el mobiliario urbano.
Óscar es grafitero desde los 14 ó 15 años (ahora tiene 18) y desde que hace unos días se instalaron los cuatro cubos en el barrio del Crucero no ha perdido la ocasión de ir al lugar. «He venido a ver lo que hacían otros y hoy (por ayer) voy a pintar yo». Para ello, lleva distintos sprays y un boceto. «Utilizo colores que combinan bien. Y respecto a poner mi nombre, es lo que me llena, lo que me identifica», cuenta mientras sus amigos observan las obras de arte ya acabadas.
A este primer préstamo gratuito de cubos en El Crucero, cuyos vecinos lo solicitaron con motivo de las fiestas del barrio, seguirán otros. Y es que el concejal de Juventud, Eduardo Villanueva, afirma que ya cuentan con cuatro solicitudes más. «Hemos remitido una carta a todas las asociaciones de vecinos y consejos de barrio en la que les informamos de la iniciativa. Les decimos que llevamos esos cubos hasta el lugar que nos soliciten y transcurridos 15 días los recogemos», explica.
¿Eficaz? Villanueva reconoce que aún es pronto para valorar si la medida traerá sus frutos. Es decir, si frenará el vandalismo que suponen los grafitis en el mobiliario urbano. Y es que sólo el año pasado, el Ayuntamiento gastó en la limpieza de estos dibujos 552.000 euros. y el dinero total que se tuvo que destinar a reparaciones por actos vandálicos alcanzó la cifra de 1,2 millones de euros.
Precisamente tras conocerse el elevado desembolso que esto supone para las arcas municipales, desde la Concejalía de Juventud se decidió colocar seis cubos en distintos puntos de la ciudad y traer a dos grafiteros de reconocido prestigio para que enseñaran a los burgaleses su arte. El éxito logrado ha servido para darlo continuidad.