Según Avilés, «entre el 3 y el 6% de los alumnos sufre bullying».
José María Avilés, profesor experto en acoso escolar, fue uno de los ponentes participantes en las ‘Jornadas de Gestión de la Convivencia en el Aula y en el Centro’, organizadas por los Centros de Formación del Profesorado e Innovación Educativa (CFIE), y celebradas ayer en el Instituto de Educación Secundaria de Burgos Cardenal López de Mendoza. Como estudioso del bullying, Avilés traduce este fenómeno de violencia escolar en «un acto caracterizado por la búsqueda reiterada de intimidación de la víctima a través del abuso de poder ejercido por su agresor».
¿Qué eféctos tiene este acoso sobre la víctima?
El sujeto maltratado queda expuesto física y emocionalmente ante el sujeto maltratador, generándose como consecuencia una serie de secuelas psicológicas, entre las que es común que el acosado viva aterrorizado con la idea de asistir a la escuela y que se muestre muy nervioso, triste y solitario en su vida cotidiana.
¿Puede extrapolarse este término a otros tipos de abuso?
Esta acepción sólo se aplica a escolares y referida a un desequilibrio de poder en el ámbito del centro educativo. Si se tratase de adultos hablaríamos de conceptos como el mobbing, el acoso o la intimidación.
¿Existe la manera de afrontar el bullying?
La solución pasa por la concienciación de que esto no es un tema baladí o superficial. Además, debe estar claramente acotado. No todo de lo que se define inicialmente como acoso lo es finalmente. También tiene que permitir implicar en la resolución del conflicto no sólo a víctima y al agresor, sino también a los espectadores pasivos (que lo contemplan sin hacer nada al respecto), a los profesores, a las familias y a las administraciones públicas.
¿A quién compete la solución de este problema?
Esta no es una cuestión únicamente escolar; es un problema social. El ejercicio de poder a través de un modelo abusivo no se circunscribe únicamente al ámbito de las aulas, sino que va más allá: en los grupos de amigos, de vecinos, en los políticos... Pero, desde luego, esto no quita que sean el ámbito educativo y el propio centro los foros donde primero se debe buscar una respuesta.
¿Quién da la voz de alarma sobre los casos?
La suelen dar las víctimas o, en su defecto, las personas más cercanas a la situación de acoso, siendo familias y profesores quienes habitualmente interponen las denuncias. Aunque serán los agredidos los que tengan la percepción real de los que está sucediendo.
¿De cuántos afectados podemos estar hablando en la provincia de Burgos?
Según el estudio del Defensor del Pueblo publicado en el año 2007, estaríamos ante cifras de entre el 3 y el 6%. Estos son datos muy alejado de otros mucho más escandalosos que, a veces, han saltado a la luz pública de la mano de ciertos medios de comunicación. Tenemos que ser conscientes de que estamos ante un fenómeno muy grave pero puntual. Además, en el informe del Defensor del Pueblo queda reflejada su tendencia decreciente con respecto a años anteriores.
¿Qué consecuencias tiene en los agredidos?
Fundamentalmente, de victimización psicológica. Pero a eso habría que sumarle toda la carga de sentimientos que conlleva el acoso como el desprecio de la persona, la depresión, la baja autoestima o la reducida inserción en el ámbito grupal.
¿Cúal es la mejor manera de combatir el acoso?
En grupo, de forma conjunta, sumando esfuerzos desde todos los puntos de vista: familias, profesorado y alumnado. Cuantas más voluntades unidas, mejor se logrará una solución completa.
¿Qué postura deben adoptar las familias?
Aunque no suele ser así, lo ideal sería que se pusieran del lado educativo, colaborando con el centro escolar en todo lo posible. Oponerse a lo que supone el maltrato si tu hijo es agresor es una postura madura y demuestra unos pilares morales muy sólidos. Uno no quiere más a un hijo al respaldar cualquier cosa que haga. Demuestra mucho más al enfrentarle a lo inaceptable, y el maltrato lo es.