Álvaro Domingo acaba de terminar el bachillerato en el Liceo Castilla y quiere estudiar arquitectura.
Recorro lugares lejanos, y a la vez cercanos, viejos recuerdos vuelven a mí, trayendo fantasmas del pasado». Son las víctimas del terrorismo, las que ya no están con nosotros pero a las que Álvaro Domingo quiere abrazar a ciegas el día en que acabe la pesadilla de la violencia.
Un relato repleto de referencias poéticas a un camino entre Burgos y Euskadi, al paisaje vasco, al pasado doloroso y a un futuro esperanzador ha ganado el concurso escolar ‘Una ciudad sin violencia’ organizado por la Fundación Víctimas del Terrorismo.
Y el galardonado ha sido un joven burgalés de 17 años, que acaba de terminar bachillerato en el Colegio Marista Liceo Castilla, y que el próximo año quiere estudiar arquitectura.
Álvaro escribe y dibuja casi siempre para sí mismo, hasta ahora nunca había probado suerte en ningún concurso, pero una charla que impartió en su colegio Maite Pagazaurtundúa, la presidenta de la Fundación, le animó a presentarse.
Dice que la escritura es para él una forma de comprender el mundo y transmitir los sentimientos, que eso lo aprendió del libro Maktub de Paulo Coelho, y se confiesa admirador de la obra de Matilde Asensi.
El gusto por la lectura lo ha heredado de su madre y el bagaje se nota en su relato. Como él mismo lo describe, es un canto a quienes han sufrido en sus propias carnes la violencia terrorista, el intento de subrayar la superioridad moral de quienes apuestan por la paz y un llamamiento a acabar con el temor mediante las armas que proporciona la democracia.
Frente al silencio y al miedo, la libertad de expresión. Frente a los «cobardes que han llenado el suelo de sangre», poder decir sentado en la playa de la Concha «que la paz ha llegado».
Porque este joven sostiene que «las palabras no se pueden borrar con la sangre espurreada de personas inocentes que seguimos recordando», que la memoria será más fuerte que el dolor y finalmente la libertad vencerá sobre todas las dificultades.
Solo unas horas después de haber recogido el premio (500 euros y una placa conmemorativa), el premiado tiene el detalle de acordarse de su profesor de Lengua Castellana y Literatura, que corrigió algunos detalles del relato y a quien por tanto le corresponden en parte los honores, aunque no pudiera asistir a la gala celebrada el jueves en Madrid.
Sharapova debuta ganando en el US Open
La última obra de Banksy no es un graffiti
Se incendia un motor en pleno vuelo: vídeo amateur
Agricultor desnudo se transforma en paquete de paja
Joven ebrio cae desde ventana de autobús en marcha