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Se busca una infraestructura que sea capaz de proporcionar un medio de transporte alternativo al vahículo particular, que reduzca los tiempos de viaje, que permita acceder a la capital a toda la población de la provincia que no dispone de red ferroviaria y se ve obligada a utilizar el coche, que conecte los principales enclaves de Burgos, que acerque la nueva estación del AVE, el aeropuerto y el centro monumental y que, además, sirva de aparcamiento de autobuses turísticos. Ya puestos, que no se vea para evitar su impacto visual, que ocupe suelo público, esté céntrica y mejore el medio ambiente. Y que tenga taxis. Y zonas de espera y ocio. Y que sea viable. Y que sirva para el futuro... No llamen a Harry Potter, tres alumnos de la Escuela Politécnica han dado con la solución.
Es más, la han estudiado, dibujado, proyectado y valorado. Y no han debido de hacerlo mal porque el tribunal de fin de carrera de Obras Públicas ha aplaudido su postulado para satisfacción, entre otros, del profesor de Infraestructura del Transporte y también experto en Movilidad del Gobierno de La Rioja Eloy Quintana, quien estaba sentado en el tribunal cuando reconoció que él defiende la misma propuesta de los alumnos como solución a buena parte de los problemas de Burgos en esta materia.
María Sainz Chicote, Jorge Núñez López y Borja Martín Carrancho, que ya se pueden llamar ingenieros de Obras Públicas, han sido tutorizados por el profesor Juan Manuel Manso en su apuesta por ubicar esa infraestructura en el parque que hay entre la avenida Cantabria y el colegio de las Concepcionistas. Han bautizado el proyecto como Intercambiador Camino de Santiago.
la previa. Bajo la necesidad de solucionar los postulados esgrimidos al comienzo de este artículo, los autores del proyecto comenzaron su exposición haciendo un análisis del sector turístico, pensando en que el intercambiador pudiera convertirse en el nodo logístico para todas aquellas personas que se mueven por Burgos pero no son residentes en la ciudad.
Resumido en una pregunta, la tesis inicial es esta: ¿Cómo puede un visitante llegar a la ciudad, acceder a la zona monumental, a un transporte público efectivo y comunicarse con los nuevos epicentro del transporte provincial y nacional (estación del AVE y aeropuerto) optimizando su tiempo de estancia?
Esa pregunta ya se la hizo hace unos años el Ayuntamiento, que pensó en integrar la respuesta dentro de la reordenación del transporte interno para residentes. La propuesta esbozada entonces fue la de crear un intercambiador de autobuses urbanos en la plaza de España, utilizando como plataforma de lanzaderas la rotonda de la fuente de los delfines. Sainz, Núñez y Martín han recogido ambas pretensiones y las han fusionado en el citado parque.
Se ha tenido en cuenta que el MEH no dispondrá de aparcamiento de autobuses turísticos en su subterráneo y que los apeaderos actuales acentúan el caos circulatorio en puntos muy sensibles de la ciudad, como es el caso de la parada de la Merced. Además, no es ningún secreto que otras plataformas, como la del Principal o la plaza de Santa Teresa, no se respetan por parte de los conductores particulares. Un dossier fotográfico certifica lo que todos los burgaleses ya saben.
Tras estudiar otras posibles ubicaciones también contenidas en el proyecto (Mercado Norte y campo de fútbol de la UBU), se acepta como la mejor de ellas el parque de avenida Cantabria por estar comunicado directamente y en apenas unos metros con las principales arterias de transporte de la capital.
la propuesta. Así, una rampa de acceso situada detrás del Gobierno Militar, con llegada desde avenida Cantabria, permitiría bajar al intercambiador a los autobuses que lleguen a la ciudad. Se calcula, con los datos del Patronato de Turismo analizados en profundidad, que en una jornada punta Burgos asume una veintena de autocares de este tipo. Una vez dentro, los chóferes de las agencias dispondrán de nueve dársenas de carga y descarga, además de una playa de aparcamientos con espacio para 29 buses, que se mantendrían a la espera.
Toda vez que los visitantes se hayan apeado del coche, accederán a la superficie que, gracias a una reurbanización con forma de rotonda (ver gráfico), podrán subirse a los autobuses urbanos (se propone que sean gratuitos) con carácter de lanzadera; esto es, sin paradas. Esos buses tendrían tres destinos preferenciales. Por un lado operarían para llevar y traer a los pasajeros del AVE, sirviendo en este punto como nodo de comunicación también para los vecinos de la ciudad. Por otro harían lo propio con el aeropuerto y, en tercer lugar, saldrían con destino al Museo de la Evolución Humana. Junto a la plataforma de las lanzaderas también se contempla una parada de taxis.
La infraestructura se completa con un edificio de servicios que, este sí, tendría una planta sobre la superficie, de forma que sería la única parte del intercambiador perceptible desde el exterior. Puede albergar taquillas, cafetería, tiendas.... En total, la superficie ocupada es de 11.300 metros cuadrados, de los que únicamente saldrían a la superficie 500, correspondientes al edificio de servicios que, de esta forma, sería accesible para los peatones desde la calle y además obtendría luz natural.
el valor añadido. El coste total calculado para el intercambiador asciende a 7 millones de euros (es el montante de una anualidad del aporte municipal al Palacio Auditorio), pero incluye toda la intervención añadida que acompaña a la infraestructura en sí. A la urbanización del parque superior se sumaría la restauración y señalización del Camino de Santiago a su paso por este enclave, además de la propuesta para coser el carril bici, que de esta forma uniría varios tramos ahora ‘cortados’ que discurren a ambos lados de la avenida Cantabria y la avenida de Castilla y León.
También se apuesta por redistribuir el tráfico en la calle Obdulio Fernández. La existencia allí del colegio de las Concepcionistas provoca un desbarajuste de la circulación generado por el ‘aparca donde puedas’ tan propio de los centros educativos. Eliminando la mediana se recuperarían para este servicio decenas de plazas en batería, que, si bien no acabarían con el problema, sí que ayudarían a amortiguarlo sensiblemente. Todo eso es posible hacerlo en un plazo de 18 meses. Lo dicho, no llamen a Harry Potter, es más fácil, dicen, de lo que parece. Y además existe una cosa llamada Civitas que ayuda a pagar este tipo de dotaciones.
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