El acuerdo de Estado para paliar la crisis tanto las fuerzas políticas como el propio Gobierno lo dan ya por imposible. El objetivo ahora es llevar a buen puerto el que podría llamarse Pacto del Zurbano, porque es en el bello Palacete Muguiro, situado en la calle Zurbano de Madrid, donde se celebran las reuniones. Inmueble en el que nació la reina Fabiola de los belgas, y que Fomento acondicionó hace años para alquilar y celebrar eventos, presentaciones y recepciones.
En pleno apogeo del distanciamiento entre el Ejecutivo y los partidos de la oposición por la forma en que Zapatero abordaba el futuro económico, personas allegadas al presidente le sugirieron que, en lugar de reuniones bilaterales con esas formaciones, se convocara a todas ellas en torno a una misma mesa, para tratar de llegar a algún tipo de acuerdo sobre aspectos concretos para intentar aliviar los efectos de la crisis. El jefe del Ejecutivo recogió el guante y decidió crear una comisión negociadora con la vicepresidenta segunda y los ministros de Industria y de Fomento. Blanco ofreció la sede, con muchas ventajas: las reuniones no perturbarían el trabajo de nadie porque en el palacete no existe más actividad que la contratada, y, además, dispone de varias salas, lo que permite encuentros bilaterales.
250 periodistas cubrieron informativamente la reunión plenaria del pasado jueves, que si se hubiera celebrado en el Congreso de los Diputados habría obligado a un esfuerzo importante de acreditación de informadores que habitualmente no acuden a los debates camerales, aparte de que podrían interferir en la propia dinámica parlamentaria.
El Gobierno está satisfecho de cómo transcurrió la primera reunión, y tampoco se advierte malestar en los distintos partidos, tras la protesta por la forma en que recibieron del Ejecutivo la documentación sobre el evento el miércoles: tarde y sin recoger ninguna propuesta sino un índice de las cuestiones que, según el Gabinete, tendrían que centrar el trabajo. En esa primera reunión todos los grupos expusieron su punto de vista sobre cómo se debe trabajar para lograr algún tipo de coincidencia y, por tanto, de pacto.
LA POSTURA "POPULAR". El PP se mostró inamovible en una cuestión importante, la subida del IVA, y encontró el apoyo de Durán i Lleida, que avisó de que CiU no aceptaría ese aumento en determinados sectores que necesitan ayuda para superar la recesión. La vicepresidenta Elena Salgado afirmó que en las propuestas que va a presentar mañana intentará encontrar algún tipo de solución para ese escollo, pero la sensación generalizada es que ahí va a ser muy difícil el acuerdo, aunque sí se puede lograr en otros campos.
También hay coincidencia en la apreciación de distintas personas consultadas sobre el ambiente que se respiró en esa primera toma de contacto: mucho mejor de lo que se dio a entender en las ruedas de prensas posteriores.
Durante este fin de semana los representantes de los partidos están trasladando al papel sus propuestas concretas. Mañana se celebrará una nueva reunión general y se iniciarán las bilaterales de los miembros del Ejecutivo con los distintos grupos y los representantes de los partidos entre sí, a su conveniencia.
Salgado, Sebastián y Blanco se mantendrán en contacto permanente como en los últimos días, en los que han tenido reuniones a diario, tanto en el Ministerio de Fomento como en el de Hacienda y en la propia Moncloa. Existe una buena comunicación personal y política entre ellos, buen rollo, como decía una de las personas que trabaja con el equipo de Gobierno, y los tres están convencidos de que se pueden llegar a acuerdos en puntos concretos, ya que no se puede alcanzar el Pacto de Estado, pues las posiciones entre Ejecutivo y PP son diametralmente distintas. Uno de los miembros del Gabinete decía a sus compañeros «No sé a qué llegaremos en estas reuniones, pero desde luego sin estas reuniones no llegaríamos a nada». Ese mismo ministro calificaba de «razonable» la postura que había visto en los representantes del Partido Popular, Cristóbal Montoro y Álvaro Nadal en el primer encuentro.
¿Habrá acuerdos? Esa es la pregunta del millón, para la que de momento no hay respuesta.