Como prolegómeno al gran festín pro independentista en el que hoy más de 700.000 personas de 166 municipios catalanes están convocados a las urnas para votar sobre la secesión de la región mediterránea, ayer la localidad de Sant Jaume de Frontanyà fue la primera en hacer realidad una iniciativa que, al margen de su dudosa legalidad, no tiene la más mínima trascendencia jurídica, tal y como resaltó la propia vicepresidenta De la Vega. En el pueblo, el más pequeño de la Comunidad autónoma con 21 habitantes, se depositaron 19 papeletas todas menos una favorables a ese presunto deseo de escisión del Estado.
Este municipio del Berguedà ha sido el segundo en realizar este tipo de consulta tras Arenys de Munt, que en septiembre fue el centro de todas las miradas en su condición de pionero.
Al mediodía, el alcalde de Sant Jaume, Ramon Vilalta, votó acompañado del presidente de ERC, Joan Puigcercós, quien aseguró que desde la diminuta localidad se daba un paso importante para lograr una Cataluña libre e independiente. «De Sant Jaume de Frontanyà a Bruselas», proclamó sin el más mínimo atisbo de humor. Acto seguido, Vilalta calificó de «éxito fabuloso» la iniciativa y subrayó que «se ha conseguido lo que se buscaba, un voto clamoroso por la independencia».
En las consultas de hoy, mucho más nutridas, participarán 19 observadores y 10 representantes políticos gallegos y vascos, quienes velarán por el correcto desarrollo de las mismas. Los encargados de controlar la jornada son personalidades tan eminentes como el delegado del Partido Nacional Escocés, Kristpoher White, el portavoz del grupo corso Córcega Libre, Jean Guy Talamoni, la diputada tirolesa del Partido de la Libertad, Eva Klotz, y el vicepresidente el Partido de Quebec, Daniel Turps.
Tras el referéndum, los observadores redactarán un informe sobre las votaciones que se enviará a los principales organismos internacionales y a las instituciones catalanas.
Sin demasiado entusiasmo. La iniciativa suscitó diversas reacciones políticas, la primera de ellas expuesta por el secretario de Organización de los socialistas catalanes, José Zaragoza, quien, sin descalificarla, sí sostuvo que «distrae de los esfuerzos políticos en defensa del Estatut», que es «la lucha importante que afronta ahora Cataluña.
«Lo único que hacen -las consultas- es debilitarnos a todos», concluyó el dirigente del PSC.
El presidente Zapatero ya aseguró el pasado viernes desde Bruselas que los referendos independentistas son iniciativas que «objetivamente no van a ningún sitio». Asimismo, desvinculó la celebración de las consultas de la sentencia que el Constitucional debe dictar sobre el mencionado texto regional.
Bien distinto fue el análisis del el presidente de Unió, Josep Antoni Duran, quien reclamó respeto por lo que considera una iniciativa democrática, responsable y pacífica.
«No debemos confundir las cosas. Detrás de éstas no solo hay la independencia, también hay un malestar de Cataluña ante la actitud del Gobierno central, que no es el único responsable porque han habido anteriores Gobiernos que han generado desánimo en Cataluña», explicó el dirigente de CiU.
También se pronunció, y de manera bien distinta, el líder de Ciutadans, Albert Rivera, quien sostuvo que «por omisión, Zapatero y Montilla se han convertido en los mejores aliados del independentismo catalán».
Otro que terció, sin duda en busca de algo de protagonismo, fue el secretario general de Eusko Alkartasuna, Peio Urizar, quien proclamó que «mañana -por hoy- será Cataluña» donde se realicen consultas soberanistas y «el año que viene Escocia», mientras su formación trabajará para que «en Euskal Herria se celebren cuanto antes» plebiscitos similares.
Durante un encuentro con afiliados y simpatizantes, el político nacionalista vasco explicó que los referendos de Cataluña son «un ejemplo de que, por encima de los mensajes uniformizadores que lanzan el PSOE y del Partido Popular de que todo es España», existen «pueblos» en el Estado y el resto de Europa que «superan esa falsa realidad».