Fuego cruzado entre los dos partidos más votados por los españoles. El otoño promete, pues el curso político no ha hecho más que arrancar. Y será caliente, como muchos expertos en meteorología política vaticinan. El presidente del PP, Mariano Rajoy, señaló ayer durante su intervención en la primera Junta Directiva tras el verano que «hay 180.000 extranjeros cobrando el seguro de desempleo y, ya volvemos a tiempos pasados, hay 20.000 andaluces que han pedido trabajo en la vendimia francesa».
En solo unas horas tuvo dos réplicas socialistas. La light, la del vicepresidente segundo del Gobierno, Pedro Solbes, que afirmó que el criterio de la nacionalidad no se tiene en cuenta para elegir a un trabajador o a otro. La dura llegó antes de la boca del secretario de Política Local del PSOE, Antonio Hernando, que pidió al líder popular, que aclare si él es partidario de que los inmigrantes que se encuentran en situación legal cobren la prestación por desempleo, porque podría parecer que defiende una posición «xenófoba». «Hay un tufo de ella», apostilló.
Y es que la crisis económica es el principal ariete de Génova para conquistar el poder. Y hay que usarlo con mucha fuerza, sin compasión. Por eso, Rajoy calificó la última comparecencia de Zapatero en el Congreso -a petición propia para abordar el tema de las maltrechas arcas nacionales- fue un «fiasco», sin propuestas. «Se pueden tomar decisiones», remarcó, y apeló a la llegada de los populares al Gobierno en 1996.
Por otro lado, el presidente del PP se refirió al más que posible pacto presupuestario entre el Ejecutivo y el PNV. En concreto, Rajoy advirtió de que los PGE no pueden utilizarse para «cambiar cromos» o aprobarse «a cambio de transferencias a unos y a otros». En su opinión, deberían servir para combatir la crisis, «dar confianza a los españoles» y «controlar el gasto público».
Su brazo derecho, María Dolores de Cospedal, siguió la misma línea de su jefe y tachó de «fraude» el último discurso de Zapatero sobre el problema más grave al que se enfrenta el Gobierno socialista, así como su gestión, e hizo referencia al bajo índice de confianza que tienen los ciudadanos en él.
Nombramiento. Fue una jornada intensa en Génova, y no solo para atacar y destruir en la medida de lo posible al adversario, sino también para efectuar algún que otro nombramiento, como el del ex consejero de la Comunidad de Madrid Alfredo Prada como nuevo responsable de política del PP en el exterior. Gallardón, que ayer se hizo un poco más televisivo con Tengo una pregunta para usted, se anotó un buen tanto. Su nombre no aparece en titulares pero su gente se va colocando en puestos importantes. Aviso para navegantas.
Y tras la calma y las felicitaciones por el cargo emergente, volvió la lluvia de reproches. Además de denunciar la «descoordinación» y «debilidad parlamentaria» del Ejecutivo socialista, el líder de los populares siguió su particular repertorio de derechazos a Rodríguez Zapatero, al que tachó de «débil» desde el punto de vista parlamentario, y le culpó de «ausencia de proyecto político», «descoordinación a veces obscena» y «división» en asuntos fundamentales. «Nadie coordina nada», remachó, en referencia a las desautorizaciones sufridas en las últimas semanas el ministro de Trabajo e Inmigración, Celestino Corbacho, y el titular de Justicia, Mariano Fernández Bermejo, por parte de la vicepresidenta del Gobierno, María Teresa Fernández de la Vega: «Los abronca públicamente». Incluso ayer se habló en un medio de la pelea de gallos entre Industria y Ciencia.
En esta ocasión, la respuesta de Ferraz vino del vicesecretario general, José Blanco, que le recomendó que «le dedique un poco más de tiempo» a la presidenta de la Comunidad de Madrid, Esperanza Aguirre, «que le ha corregido bien este fin de semana, ella que pretendía sustituirlo». Y para rematar, golpe bajo y viejo: «Cuanto peor le va a los españoles, él está más feliz».