Javier Solana, junto al líder palestino Yaser Arafat.
Como suele ser habitual en el caso de los políticos con larga hoja de servicios, el socialista Javier Solana, ya ex alto representante para la política exterior y de seguridad de la UE, no quedará desatendido tras su paso por las instituciones comunitarias, sino que las décadas de fidelidad serán convenientemente recompensadas por el Gobierno, que ha creado un cargo tan jugoso como cuestionable para que el retiro dorado de uno de los más insignes del PSOE consiga el reconocimiento y remuneración apropiados.
Además de su reciente fichaje por la escuela de negocios Esade como presidente del Centro para la Economía Global y la Geopolítica, una institución de nueva creación, el también ex ministro tiene encomendada desde ayer la elaboración de una denominada Estrategia Española de Seguridad, una especie de informe que, supuestamente y según explicó tras el Consejo de Ministros la vicepresidenta De la Vega, recogerá el análisis de «los intereses vitales de los españoles» y estudiará «los riesgos y de las amenazas que afectan al país».
Al parecer, o al menos así lo sostuvo la número dos del Ejecutivo, tales menesteres, que no parecen demasiado urgentes en estos tiempos de crisis y pretendida austeridad, fueron uno de los compromisos del presidente Zapatero en su discurso de investidura. En aquella intervención en el Congreso, el líder de la formación de Ferraz anunció que se remitiría a la Cámara Baja para definir objetivos, señalar prioridades, cuantificar dotaciones, asegurar colaboración y planificar los esfuerzos organizativos y presupuestarios.
El texto en el que se concretará la estrategia diseñada por Solana deberá estar finalizado antes del 30 de noviembre del próximo año y, siempre según De la Vega, permitirá formular las líneas estratégicas de actuación, «no solo desde la perspectiva de la defensa militar o la seguridad ciudadana, sino desde todos los aspectos que un concepto moderno de seguridad exige hoy día».
De tal manera, y sin que se detallara en qué consistirá exactamente el cometido del antiguo jefe de la diplomacia comunitaria ni cual han de ser sus aplicaciones reales, la vicepresidenta primera añadió que, para llevar a buen puerto tan etéreo cometido, el Ejecutivo y su nuevo empleado buscarán la «amplia participación y el consenso de todos los sectores interesados y de todos los partidos».
Como toda justificación para la elección de Solana, De la Vega afirmó que quien fuera encargado de la Política Exterior de la UE en los últimos 10 años es «una persona de gran experiencia y conocimiento», con una «gran trayectoria» y que hasta hace solo unas semanas ha sido «un magnífico alto representante europeo».