La modelo Waris Dirie se ha convertido en una de las caras visibles de las víctimas de la ablación genital femenina, un «problema» que califica de «mundial» y que relata en Flor del desierto, novela que ha sido adaptada para el cine por la directora Sherry Hormann.
Dirie nació en el desierto somalí, pero desde muy pequeña quería «tener otra vida», según declaró ayer en Madrid, y cuando la obligaron a casarse a los 13 años, huyó a Londres, donde fue descubierta por un reconocido fotógrafo llamado Terry Donaldson.
El filme, que se estrena mañana, está basado en el libro escrito por la propia Waris Dirie y Cathleen Miller, y relata la vida de esta modelo que atravesó África, fue sirvienta durante siete años, vivió como ilegal en Reino Unido y finalmente consiguió pisar las mejores pasarelas del mundo.
Liya Kebede da vida a Waris Dirie. La cinta narra, utilizando el flashback, los primeros años de vida de la futura modelo en Somalia; cómo de pequeña sufrió la mutilación de sus genitales; su consiguiente huida antes de que a los 13 años su familia la intentase casar con un viejo; su llegada a Londres y, finalmente, cómo alcanza, tras todo este sufrimiento y dolor, el éxito en las pasarelas.
De Waris Dirie, autora de otros cuatro libros más, ya se plasmó su vida en un documental de la BBC titulado A nomad in New York. «Es necesario entender que la mutilación femenina no tiene nada que ver con la tradición, la cultura o la religión. Es una forma de abuso infantil», declaró en más de una ocasión la activista, galardonada el año pasado con el Premio My Way, después de que lo recibiera en 2008 Nelson Mandela.
Dirie se ha convertido en una luchadora contra la mutilación genital femenina y fue embajadora especial de la ONU contra esta tradición que aunque «parece que solo existe en África, se practica también en Europa».
«Esta preciosa mujer ha plasmado mi vida de forma fantástica y veraz», comentó Dirie refiriéndose a la directora, Sherry Hormann. Aunque la modelo admitió que al ver la película por primera vez sintió «mucha tristeza, cólera y amargura».
Para la realizadora, la «buena noticia» del largometraje es que fue producido por hombres y que ha sido proyectada en países islámicos como Marruecos, donde el público masculino apoyó el filme con entusiasmo.
«Los Gobiernos occidentales no hacen mucho sobre este tema tan grave porque creen que es un problema africano y se equivocan profundamente», lamentó Dirie, quien declaró que la película se hizo «para África» y que van a intentar que se vea en todos los países del continente.
Hormann destacó que ante todo es «mujer, humana y madre» unas características que hicieron que al leer el libro sintiera «tristeza», pero también vislumbró la «valentía», lo que convierte la historia en «universal» porque «lo que menos importa es el color de la piel».
Tras dudar entre Marruecos y Kenia, la cinta fue rodada en Yibuti, un pequeño país en el Cuerno de África entre Somalia -donde era imposible rodar- y Etiopía. Además, lo hicieron con gente autóctona que jamás había visto un hombre blanco ni tampoco una cámara, explicó la directora.
«No sé si existe algo llamado valor», subrayó Dirie, quien cree que «no importa la circunstancia» porque siempre se encuentra dentro de uno mismo «la fuerza para llegar al otro lado» y que todo el mundo lo hace «cada día».
La supermodelo de 45 años, que a través de una Fundación que lleva su nombre realiza desde 2002 campañas mundiales para concienciar contra la mutilación femenina y ofrecer apoyo a las víctimas, continúa con una labor que en la que cree y que colma sus aspiraciones como mujer luchadora.
Además, en enero de 2009, creó una Fundación más dedicada a defender la dignidad y los derechos de la mujer junto al magnate Fraçois-Henri Pinault y su esposa, la actriz Salma Hayek.
«Ayudo siendo como soy haciendo lo que hago cada día y convenciendo a la gente de que se puede cambiar», ha destacado la modelo, quien ha admitido que ha conseguido «convencer» a su madre, su «detective clandestino en el poblado».