Con 20 minutos de retraso, la 51 edición de la Semana Internacional de Cine de Valladolid levantó anoche el telón del Teatro Calderón de la mano de la actriz Carmen San Esteban, que debutaba como maestra de ceremonias del festival. Pocos rostros conocidos se dieron cita en la alfombra roja, salvo el director del Instituto de las Artes y las Ciencias Audiovisuales, Fernando Lara, (que dirigió el festival durante 21 ediciones), los representantes políticos de la region y actores como Beatriz Rico, Sancho Gracia y Mercedes Sampietro (presidenta de la Academia de Cine), y cineastas como Carlos Bardem y Montxo Armendáriz.
Tras la obertura creada por José Nieto para el certamen hace un lustro, la ceremonia arrancó con los compases de Stromy Weather, de Billy Holiday, mientras numerosos figurantes desfilaban por el escenario, que recreaba el cuadro de Karen Mazzarella elegido como cartel de la edición.
La puesta en escena dio paso a la aparición de San Esteban, que, luciendo un llamativo vestido rojo, comenzó con agilidad a describir los contenidos que conforman la programación del ciclo. «Además de mantenerse fiel a sus orígenes y a su personalidad, la Semana demuestra con su oferta para los próximos nueve días una manifiesta voluntad de renovación», reflejó en su discurso.
Mientras la actriz repasaba los ciclos y mesas redondas que la organización ha preparado, una pantalla situada a sus espaldas reforzaba la información con animaciones de imágenes de films.
intervenciones. En nombre del jurado de Tiempo de Historia, la sección dedicada al documental, se dirigió al público el realizador canario Juan Millares. «Nos han comentado que este año la selección es magnífica, así que nuestra responsabilidad será aún mayor», señaló.
A continuación, y en representación del jurado Fipresci, que desde hace una década otorga el Premio de la Crítica Internacional, el catalán Joan Millaret destacó que él y sus compañeros, han llegado «ansiosos por ver buen cine, y esperamos confirmar, una vez más, el nivel de calidad al que Valladolid nos acostumbra».
Y dentro de una dinámica rápida, que convirtió la gala en una de las más breves de los últimos años, aparecieron en escena seis de los siete integrantes del jurado internacional.
Marina Saura, maestra de ceremonias del festival en 14 ocasiones (la persona que en más ocasiones se ha responsabilizado de esa tarea en la historia de la Seminci), fue la encargada de hablar en nombre de sus compañeros. «Hemos venido llenos de ganas e ilusión, sabemos que nuestra tarea va a ser difícil, y estamos muy satisfechos de contar con su confianza, porque seguro que les defraudaremos», concluyó con chispa arrancando sonrisas al público.
El broche final lo puso con su intervención Michel Ocelot, el realizador de Azur y Asmar, la película inaugural, quien en un correcto castellano comenzó su alocución con un contundente «no tengo nada que decir». «La película está terminada, y habla por sí sola». De la mano de Carmen San Esteban, Ocelot ayudó a reconstruir el cartel inaugural de nuevo, bajo los compases de la canción que interpreta Dulce Pontes en Cinema Paradiso, mientras una lluvia plateada caía sobre la actriz y el director, resguardados bajo un paraguas conformando una figura idéntica al icono elegido para representar esta 51 edición.