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Día del Trabajo / Familias que viven del campo

El relevo generacional en la agricultura está lleno de incógnitas

M.J.F. / Busto de Bureba - viernes, 1 de mayo de 2009
Se acabaron los buenos tiempos. Ya no basta con tener una tierra fértil y una meteorología favorable. La brutal e impredecible subida de los costes y las leyes de la Unión Europea ahogan al sector que ha hecho famoso a la zona

Dedicarse a la producción de cereal, actividad tradicionalmente rentable en la comarca durante décadas, empieza a ser algo muy incierto y muchos labradores sospechan que en un plazo corto tendrán que dejar el oficio sin cobrar un euro por irse al paro. «Antes, el que trabaja ganaba dinero porque nuestro terreno es excelente para el cereal pero en los últimos años las continuas subidas de los costes de los abonos y el gasóleo, la fluctuación de los precios del grano y las leyes que dicta la Unión Europea han cambiado el panorama para mal». Lo dice José Luis Alvarado, agricultor de Busto de Bureba que lleva labrando la tierra desde los 14 años y ya ha cumplido 57. «Si en dos años no cambian las cosas, no creo que podamos resistir», señala. Este burebano recuerda que en el año 1986, se compró un tractor con parte de los ingresos que obtuvo con la cosecha y todavía le sobró dinero. Aquella fue una época espléndida que no se ha vuelto a repetir. «En esa fecha, con 100.000 kilos de trigo se ganaban 3 millones de pesetas y el gasóleo estaba a 7 pesetas el litro; ahora, sacas 2 millones de pesetas, un tractor cuesta 20 millones de pesetas y el gasóleo está a 1 euro el litro; así que imagínese qué cuentas nos salen».

Ya no basta con que la tierra sea buena y que las condiciones meteorológicas acompañen. Eso no es suficiente para garantizarse unos ingresos razonables. «En esta actividad, como en todas siempre ha habido altibajos pero como este año, nunca», afirma. Los precios de los abonos se han disparado y algunos agricultores han sembrado sin hacer uso de ellos. No están los tiempos para perder. La campaña de 2007 fue «de sueño» porque hubo una producción abundante y buenos precios del grano, según palabras de José Luis, «pero a su vez fue un engaño» porque lo que venía detrás era una subida brutal de los costes.

Para remate, la cosecha de 2008 todavía está en los almacenes a la espera de que se eleven los precios porque «tal y como están ahora, perderíamos dinero» afirma. El panorama no pinta bien y José Luis lo resume así: «estamos tocando fondo, los políticos nos ignoran, juegan con nosotros y se olvidan del campo, como siempre». Su hijo, Eduardo José tiene 28 años y se dedica también a la agricultura. Asegura que «los jóvenes agricultores somos una especie en extinción» y añade que él puede dedicarse al sector porque tiene la maquinaria del padre. «Un chaval que quiera empezar de cero en esto, no puede; tiene que hacerse con las tierras, la maquinaria y afrontar todos los costes sin saber qué resultados obtendrá porque el mercado está lleno de incertidumbre; el riesgo es demasiado alto», apunta.

Eduardo José se queja de que los mercados nacionales están siendo abastecidos por trigo de otros países y explica que «nunca sabes cuál es la decisión correcta: «si siembras poco no es rentable y si siembras mucho puede salirte muy caro».

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