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22 de septiembre de 2018
Raquel González

"Nos dejan los residuos de Garoña para toda la vida"

G. Arce - domingo, 12 de agosto de 2018
"Nos dejan los residuos de Garoña para toda la vida" - Foto: Beatriz Montero
Se cumple un año de la decisión del Gobierno de Mariano Rajoy de poner punto final a la central de Santa María de Garoña. La alcaldesa del Valle de Tobalina (PP), intenta encabezar con optimismo el desafío de buscar alternativas

¿Ha notado cambios en la vida de sus vecinos en este último año?
Ha cambiado su perspectiva de las cosas, Garoña ya empieza a ser nuestro pasado y somos conscientes de que hay que mirar hacia adelante. La planta nuclear ha aportado ingresos a los municipios y ha creado empleo, nos ha beneficiado y ha repercutido en el bien social. No somos ni mil habitantes en el municipio, pero contamos con unas instalaciones públicas que son dignas de cualquiera, que favorecen nuestras condiciones de vida: tenemos guardería, instalaciones deportivas, un centro de desarrollo rural con auditorio, con biblioteca, con centro de emprendedores y tenemos un parque empresarial... Garoña ha contribuido considerablemente a todo esto con los ingresos que nos ha aportado. Garoña era el referente del empleo en la zona. Sí, vivimos dos años de transición previos al cierre donde se generó mucha incertidumbre, pero ahora se ha asimilado de manera natural.
¿No están desilusionados?
No. No hay decepción ni desánimo, ni una sensación de que esto se va a quedar abandonado. Al revés, todo el mundo ha asimilado que la central tenía una vida útil, que ésta tenía que culminar tarde o temprano  y que ahora hay que mirar hacia adelante. Con este planteamiento positivo hemos analizado los recursos naturales de los que disponemos, el parque empresarial con naves disponibles, la viviendas municipales para que la gente viva aquí... Vamos a hacer lo posible para sacar el Valle hacia adelante.
¿Hay vecinos que han hecho las maletas?
Ha disminuido la población, del Valle han salido unas 60 personas durante la presente legislatura. Un porcentaje de esa disminución se debe a la falta de perspectivas laborales en la central y otro a la despoblación genérica que vive cualquier núcleo rural de Castilla y León. Ahora se busca un modelo urbano donde haya muchos servicios y grandes oportunidades de empleo, de educación para los hijos... Tenemos esperanzas de que cuando se activen los permisos para los trabajos de desmantelamiento vuelva a haber una esperanza de empleo para aquellos que están en una situación difícil. Creemos que las tareas de desmantelamiento nos van a dar un margen de oxígeno en el empleo, aunque todavía no han empezado. Esperamos que en un año o dos arranquen, tras la finalización de los trámites. Pero nuestra gran preocupación es la despoblación: una vez que una persona decide trasladar su domicilio fuera es muy difícil que regrese. Si queremos mantener a la población debemos mantener los servicios de la manera más óptima.

¿Se han ido empresas por Garoña?
Aquí hay agricultura y pequeños negocios que se siguen manteniendo. Quizá se han visto afectados los alojamientos y restaurantes, los que atendían las visitas cuando la central estaba al cien por cien de funcionamiento. También han desaparecido los contratos temporales que generaban las labores de recarga, que eran 2 o 3 meses de mucho empleo en subcontratas de limpieza, de  mantenimiento... Desde el Ayuntamiento -a través de subvenciones o por contratación directa- intentamos cubrir las necesidades laborales de personas sin cualificación.

Garoña ha ocupado portadas en los periódicos y los telediarios los últimos años por todos los intereses políticos y empresariales generados en torno a su cierre. ¿Le duele lo ocurrido, el daño en imagen que ha sufrido la comarca y que ahora sean ustedes los grandes olvidados?
Nuestra imagen ha estado asociada a Garoña, inevitablemente. Ha tenido sus ventajas y sus inconvenientes. Vivir con una central siempre te condiciona de muchas maneras. Por ejemplo, la iniciativa laboral de muchas personas se hubiera desarrollado mucho más si no hubiera habido una central. Aquí los jóvenes sabían que podían trabajar en Garoña durante un tiempo y no desarrollaban su iniciativa. Eso nos ha afectado... Quiero que la gente entienda que nosotros hemos nacido con una central nuclear, que las decisiones de su establecimiento no han procedido de los pequeños ayuntamientos que la rodean. El Gobierno decidió abrir y cerrar Garoña, el Gobierno decide ahora la política de residuos y nosotros siempre hemos sido víctimas y, aunque suene duro, así es. Este Valle podía haberse desarrollado de otra manera y ahora tendría otras formas de vida. Pero ahí está, tenemos que buscar el equilibrio, buscar nuestra identidad y empezar a mirar hacia el futuro. Las administraciones tienen que entender que nosotros existimos porque muchas veces se habla de nosotros desde un despacho de Madrid. Desde AMAC estamos intentando dar a conocer las necesidades no solo de Garoña sino de todos los entornos nucleares de España. Nuestro referente, que no queremos que se repita aquí, es Zorita. Hemos visto la decadencia que se ha producido tras el cierre de aquella central.

¿Les llamó el ministro de Industria del PP, Álvaro Nadal, antes o después de anunciar el cierre?
Desde la Administración Central no recibimos ni una sola llamada previa o posterior al cierre. Tengo entendido que para la Junta también fue una sorpresa el anuncio del Gobierno. Sí que es cierto que la empresa propietaria, Nuclenor, nos mantiene informados de todos los pasos previos al proceso de desmantelamiento.
¿Y han hablado con la nueva ministra de Transición Energética, Teresa Ribera?
Creo, según ha expresado en alguna entrevista, que muestra cierta sensibilidad hacia los municipios en entornos nucleares... Desde el cierre de Garoña, nosotros hemos intentado acercarnos a la Administración para que conozca las características y las necesidades de la zona próxima a Garoña. Hemos hablado con el secretario de Estado de Energía, hemos estado en el Congreso, en la Diputación... Realmente no había un documento donde se especificaran las características de la zona y sus planteamientos para su desarrollo futuro. Ahora lo tenemos. En Valdellós llevan más de 20 años con estrategias de desarrollo. En Zorita no han existido y las consecuencias para el entorno son duras (cierre de negocios, emigración...). Nosotros no hemos empezado pronto pero sí de manera inmediata tras el cierre de la central. Los 14 municipios del entorno de Garoña hemos dejado la política al margen y hemos buscado los puntos comunes. Y nuestro interés común es buscar un desarrollo para nuestros municipios.
 ¿Ese es el espíritu del Plan de Reactivación Económica en el que están trabajando?
Está en la última fase de elaboración. Intenta buscar la unidad de los alcaldes de los municipios del área de influencia de la central, la zona Penbu, y la colaboración de técnicos de desarrollo que nos aportaran ideas, de Sodebur y de los vecinos. El plan saldrá en breve a la luz.

¿Cuáles son sus prioridades?
Aún no se ha hecho público, prefiero esperar, pero sí hay una serie de carencias que siempre hemos reivindicado a través de AMAC como son los planes de emergencia y la conectividad para llevarlos a cabo. Hoy en día el hecho de estar conectados a través de internet es fundamental para se pueda trabajar desde aquí y se establezcan familias. Otra línea básica es brindar a los empresarios ubicaciones para que puedan establecer sus negocios y fomentar el empleo. Queremos desarrollar nuestros municipios basándonos en nuestras carencias y en nuestras fortalezas, como los recursos naturales, como el turismo, como la agricultura, como la ganadería... No hay que pensar en grandes proyectos, el desarrollo debe estar en la medida de nuestras posibilidades. Hemos perdido muchos autónomos (carpinteros, barberos, zapateros...) y son los que dan vida a las zonas rurales. Aquí no van a venir empresas enormes, hay que ser realistas. Es muy importante valorar los pequeños recursos de que dispone cada municipio.
¿El objetivo es que su Plan tenga el respaldo legislativo del Gobierno?
Sí, vamos a presentarlo en Madrid, queremos que se presupueste de acuerdo a unas líneas de actuación.  Antes de que concluya el año queremos presentarlo, pues 2019 es año electoral y puede haber cambios en los ayuntamientos. Este plan de desarrollo seguirá independientemente de quién esté al frente de los gobiernos municipales. Es más, queremos que sirva de modelo a otros entornos de centrales nucleares porque ahora la política energética se enfoca al cierre de las mismas. Almaraz será la próxima a cumplir los 40 años de vida útil y en 2028 se espera el apagón nuclear en España. Queremos servir de base porque todas las zonas donde se asientan estas centrales tienen similitudes importantes, como carreteras pequeñas y llenas de curvas, enclaves muy escondidos y con muy poca población...

Se ha barajado una inversión de 120 millones en una década...
Son cifras aportadas por los técnicos basándose en los proyectos que han diseñado. Nosotros no podemos aventurar cifras...

¿El impuesto creado por la Junta por el daño medioambiental que causan los residuos nucleares les ayudará?
Realmente, no lo sé.

Pues con el proyecto del Almacén Temporal Centralizado (ATC)de Villar de Cañas paralizado van a tener residuos en el Valle durante muchos años...
Es un tema prioritario y muy importante. Santa María de Garoña cuenta con unos residuos que son el resultado de sus 40 años de actividad. Hemos dado una licencia para la construcción de un Almacén Temporal Individual (ATI) que ya está totalmente concluido. Autorizamos esta obra porque la política de residuos nucleares del Gobierno obliga a cada central a almacenarlos en unos contenedores de transporte que iban a ser posteriormente trasladados al ATCen un plazo de tiempo.La paralización de la construcción del ATC implica que Garoña va a tener que albergar estos residuos durante mucho más tiempo, algo que no estaba previsto. Nosotros nos vimos obligados a dar la licencia para este almacén en Garoña tras obtener los oportunos permisos de los ministerios. No esperábamos que se paralizara totalmente la construcción del ATC y que esos contenedores se queden en el Valle de Tobalina. Es como si te implantaran una central nuclear, una decisión en la que los municipios de la zona no participan en absoluto... ‘Ahí te quedas con eso...’, nos vienen a decir y nos los dejan a la puerta de casa y visibles. Confiamos en la gestión del Consejo de Seguridad Nuclear, no nos queda otro remedio, y esperamos que sea una gestión segura, aunque son residuos de alta intensidad de la propia central, procedentes de su piscina. Nosotros no esperábamos esto, me hubiera gustado que se construyera la ATCpara sacar los residuos del Valle de Tobalina, tal y como estaba previsto.

 

[Entrevista completa en la edición impresa]

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