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Un Gobierno contra las cuerdas

SPC - martes, 4 de diciembre de 2018
Un Gobierno contra las cuerdas - Foto: IAN LANGSDON
La crisis de los 'chalecos amarillos' obliga al Ejecutivo de Macron a abrir una ronda de diálogo para frenar el descontento popular y la violencia que no ha sido bien recibida desde la oposición

Asediado por la agudización de la crisis del movimiento de los chalecos amarillos, el Gobierno francés inició ayer una intensa ronda de consultas con responsables de partidos con representación en el Parlamento, en un intento por frenar el descontento popular y evitar nuevos incidentes violentos.
Desde primera hora de la mañana, el Palacio de Matignon, residencia oficial del primer ministro, Édouard Philippe, fue escenario de un trajín inusitado, que precede a un debate sobre este asunto, mañana en la Asamblea Nacional y el próximo jueves en el Senado.
El desencadenante es la protesta que en su origen motivó el alza de las tasas del carburante y que el pasado sábado, el tercero consecutivo, reunió a 136.000 personas en diferentes puntos del país y que dejó importantes daños, cientos de heridos y detenidos e, incluso, cuatro víctimas mortales relacionadas con los disturbios.
Gran parte de los responsables de la oposición pidió como medida inmediata al jefe de Gobierno una moratoria en la subida del impuesto a los combustibles.
«Es la única manera de que esta discusión sea creíble», indicó el primer secretario del Partido Socialista, Olivier Faure, quien reclamó igualmente «un cambio de rumbo y de método» para que el debate anunciado pueda tener lugar «en buenas condiciones y permitir que se puedan encontrar lugares de mediación».
Para Laurent Wauquiez, líder del mayor partido de la oposición, el conservador Los Republicanos, el debate en sí ya no basta para calmar los ánimos y son necesarias medidas concretas. «No tenemos la impresión de que (las autoridades) sean conscientes de la rabia» de la población, lamentó a la salida de su encuentro con Philippe.
La presidenta de la ultraderechista Agrupación Nacional, Marine Le Pen, exigió soluciones «importantes e inmediatas», mientras que el dirigente de la centrista Unión de los Demócratas e Independientes (UDI), Jean-Christophe Lagarde, advirtió de que, si no hay gestos simbólicos, la situación «va a explotar».
 

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